No hay enfermedades sino enfermos

Hipócrates, padre de la medicina occidental, en el siglo V a. de C. afirmaba “no existen enfermedades sino enfermos”, individualizando de esta manera el proceso de la enfermedad. En el siglo XX el profesor Gregorio Marañón asumía este pensamiento dándole el mismo valor en la actualidad. Por Jose Luis Santacruz.

Esta máxima es uno de los pilares de las terapias complementarias para recobrar la salud. La enfermedad se manifiesta de múltiples maneras a través de los síntomas que dependen del modo de reaccionar del enfermo.

¿Qué es lo que causa la enfermedad?
En el siglo XIX se elaboraron dos teorías opuestas para resolver esta pregunta: la teoría microbiana de la enfermedad y la teoría del terreno orgánico.

Louis Pasteur (1822-1895), químico, físico, matemático y bacteriólogo; en su teoría microbiana afirmo que el germen es el enemigo, la causa de los signos y de los síntomas, los efectos visibles de la enfermedad; si matamos al germen no hay enfermedad. Esta teoría de la batalla es la base de la farmacología, ha evolucionado hacia los antibióticos, las vacunas y los fármacos en general.

Claud Bernad (1813-1878), biólogo teórico, médico y fisiólogo, contemporáneo de Pasteur; sostenía que el terreno orgánico, el cuerpo, si está sobrecargado con desechos y toxinas, hay condiciones para que habite el germen. Si está limpio e higiénico, el germen no tiene donde habitar. Bernad recogió esta teoría de su profesor, Antone Bechamp, quien mantenía que el desecho atrae al microorganismo, y luego se produce la enfermedad.

Veamos un ejemplo práctico para ilustrar estas dos teorías. En una reunión una de las personas tiene gripe, contagia a alguna de las asistentes, pero otras no son contagiadas, continúan sanas, ¿Conocéis alguna situación parecida?

Según la teoría de Bchaup, las personas que se infectan tendrían un terreno propicio para el desarrollo del virus de la gripe. En las no contagiadas el virus no ha encontrado el medio propicio para introducirse y desarrollarse.
Siguiendo la teoría de Pasteur, el enemigo es el germen, no hay nada que hacer para cambiar esta situación; si matamos al germen no hay enfermedad. La industria farmacéutica se desarrolla para matar el germen, con fin este dirige las investigaciones y la producción. El enfermo es un actor pasivo en espera del fármaco salvador que resuelva la polaridad patología/terapia.

Si la teoría del terreno biológico es cierta, la enfermedad depende del estilo de vida elegido, fuertemente determinado por los medios y recursos económicos disponibles; de cuán limpio e higiénico esta nuestro cuerpo por dentro y por fuera y de si estamos ofreciendo alimento y un medio interno con condiciones favorables para que los virus y las bacterias puedan desarrollarse.

Esto implica cambiar el estilo y las condiciones de vida para mejorar la salud; si mejoramos esto no necesitamos ir a comprar nada para que otro haga negocio, o al menos reduciremos significativamente esta necesidad a situaciones de gravedad (no negamos la utilidad de los fármacos cuando verdaderamente son necesarios). El enfermo tiene un papel activo con el objetivo de recuperar el bienestar físico, mental y emocional.

La enfermedad es el intento del cuerpo para logar la homeostasis, el equilibrio; la naturaleza procura librar al organismo de las condiciones resultantes del incumplimiento de las leyes de la salud. En caso de enfermedad, hay que  indagar la causa. Deben modificarse las condiciones antihigiénicas y corregirse los hábitos erróneos para recobrar la salud. Después hay que ayudar a la naturaleza en sus esfuerzos por eliminar las impurezas y restablecer las condiciones normales del organismo.

Lecturas recomendadas:
Porter, Roy, “Breve historia de la medicina. De la antigüedad hasta nuestros días” Taurus 2004
Hipócrates. “Textos hipocráticos”. Alianza Editorial 1996.
Hahnemann, Samuel. “Órganon de la medicina”. Editorial Purrua 1984
Escrito por José Luis Santacruz| Osteópata. Naturópata. www.honbienestar.com
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